Nº 2Abril 2015

Reseñas

Los riesgos a que nos enfrentamos. Una perspectiva mundial

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Alfonso Nájera Ibáñez
Subdirector de Estudios y Relaciones Internacionales del CCS
 

Como en años anteriores, en el mes de enero se ha celebrado en Davos (Suiza) la reunión del Foro Económico Mundial que, como es habitual, congrega a líderes mundiales de la política, las finanzas, la academia, etc. Desde hace unos años el Foro presenta un informe sobre riesgos de incidencia mundial, y en esta ocasión ese informe no faltó a la cita, en su décima edición (1).
 
No es tarea sencilla  elaborar un informe de esta naturaleza, en un contexto de creciente complejidad a todos los niveles, con factores en juego que se interconectan y generan, junto a nuevas oportunidades, no pocas incertidumbres y nuevos riesgos. Desde hace ya tiempo está extendida la conciencia de que nuestras sociedades se debaten entre el reto de buscar soluciones a problemas y carencias mediante la investigación científica y el desarrollo tecnológico, y la necesidad de gestionar los riesgos emergentes, creados o influenciados por esos mismos avances, y otros que ya teníamos, de forma cambiante, con nosotros. Entre otros expertos, Ulrich Beck ya llamó la atención en 1986, a través de “La Sociedad del Riesgo; Hacia una Nueva Modernidad”, sobre esa complejidad y los factores que interactuaban en esa realidad. De ahí su interés por la modernización, el medio ambiente, la globalización, la incertidumbre, el control del riesgo, etc. Sus posturas, lógicamente, no han estado exentas de polémica y crítica, lo cual, afortunadamente, no ha hecho sino acrecentar y fomentar el estudio y la investigación sobre el riesgo y sus múltiples manifestaciones y aristas. De tal manera que el riesgo y su gestión, como concepto y como realidad multifacética, se han convertido en una materia de análisis interdisciplinar, en la que junto a sociólogos participan geógrafos, medioambientalistas, geólogos, economistas, matemáticos, físicos, filósofos, etc. Al hilo de esta breve reflexión es recomendable una obra recién publicada, coordinada por Urbano Fra Paleo, y que lleva por título “Risk Governance: the Articulation of Hazard, Politics and Economy” (2).
 
Volviendo al informe del Foro Económico Mundial, los riesgos mundiales, cuya percepción varía cada año (según las circunstancias y situaciones imperantes en los momentos de la evaluación), se determinan atendiendo a su probabilidad de ocurrencia y a su potencial impacto, y se distribuyen en cinco grupos: económicos, medioambientales, geopolíticos, sociales y tecnológicos.
 
En términos comparativos, en los últimos nueve años, tomando en consideración los cinco mayores riesgos (aquí los denominaremos destacados), tanto en probabilidad como en impacto, predominan los del grupo económico, teniendo el menor nivel de presencia los tecnológicos. Los riesgos medioambientales, entre los que se incluyen las catástrofes naturales y el cambio climático, sólo aparecen entre esos destacados a partir de 2011.
 
En las estimaciones de los 28 riesgos seleccionados para 2015, los medioambientales, entre los cinco destacados, figuran en el segundo lugar en cuanto a probabilidad (eventos climáticos extremos), y en el quinto en cuanto a potencial impacto (fracaso de la adaptación al cambio climático). En este mismo año los riesgos predominantes entre los destacados son los del grupo geopolítico, que ocupan tres lugares en el enfoque de la probabilidad (1º: conflictos interestatales con repercusión regional; 3º: fracaso en el gobierno nacional; 4º: colapso o crisis del estado) y dos en el del impacto (3º: armas de destrucción masiva; 4º: conflictos interestatales con repercusiones regionales). Es evidente que en esta percepción de los riesgos geopolíticos hacen valer su peso las crisis generadas por los conflictos de Crimea y Ucrania, la amenaza del Estado Islámico, etc.
 
Dada la interconexión manifiesta entre los distintos tipos de riesgos, como destaca el propio informe, los dos riesgos sociales que ocupan los primeros lugares en 2015 en el apartado de impactos (crisis del agua y rápida y masiva propagación de enfermedades infecciosas) pueden tener graves repercusiones geopolíticas y económicas. Por cierto que el informe destaca y enfatiza la interacción existente entre las dos vertientes: la geopolítica y la economía, con pronósticos poco halagüeños para la gobernanza mundial.
 
Es interesante la estimación que el informe realiza respecto de la evolución de los 28 riesgos mundiales, considerados a 18 meses vista y a 10 años. En los geopolíticos la tendencia generalizada en ese lapso es a la baja (incluidos los atentados terroristas), con la excepción del riesgo relativo a armas de destrucción masiva. Al contrario ocurre con los riesgos medioambientales (incluidas las catástrofes naturales), que presentan todos una tendencia al alza, sobre todo por lo que atañe al fracaso de la adaptación al cambio climático. En cuanto a riesgos sociales, el pronóstico de evolución en dicho periodo no es bueno para las crisis del agua y de la alimentación, como tampoco lo es para el riesgo de fracaso de la planificación urbanística. Y entre los riesgos económicos la tendencia general es de disminución de su incidencia, salvo por lo que se refiere al riesgo de shock del precio de la energía y al de fracaso de las infraestructuras críticas. Finalmente, entre los riesgos tecnológicos la tendencia es alcista en lo relativo al incorrecto uso de las tecnologías y a la rotura de la infraestructura de la información crítica, al contrario de lo que ocurriría con respecto al riesgo de ciberataques y al de fraude y robo de datos.
 
Coincidiendo con la redacción de estas líneas empiezan a aparecer datos sobre las catástrofes naturales ocurridas durante 2014, y las víctimas y los daños económicos y asegurados que produjeron. 2014 fue un año relativamente moderado si tenemos en cuenta que el número de víctimas por catástrofes naturales durante ese año fue de 8.000, un 89 % inferior a la media de los últimos diez años (2004-2013). También los daños económicos reflejaron esa menor incidencia, con un importe total cercano a los 132.000 millones de US$, un 37% por debajo de la media esos mismos diez años. Por su parte, los daños asegurados alcanzaron los 39.000 millones de US$, un monto que es un 38% inferior al promedio del periodo 2004-2013 (3).

Esos datos no permiten bajar la guardia, siendo conscientes del comportamiento errático de los riesgos naturales catastróficos y teniendo en cuenta la tendencia tan marcadamente alcista de los daños durante al menos los últimos treinta años. Además, el cambio climático ha venido para quedarse, haciendo cada vez más urgente la adopción de drásticas restricciones de la emisión de gases de efecto invernadero, así como el diseño y aplicación de estrategias de adaptación. Como señala el informe del Foro Económico Mundial, el fracaso de esas estrategias representa para el mundo un riesgo de primer orden. De momento ya se ha confirmado que 2014 fue el año más cálido desde 1880 (4).
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